viernes, 7 de agosto de 2020

Huecos en un plan educativo fantástico

De acuerdo con el Programa Sectorial de Educación 2007-2012, la cobertura de educación media superior para el 2006 era del 58.6% y la meta para el 2012 era llegar al 68%.

En el 2012 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la obligatoriedad del Estado de garantizar la educación media superior y se vaticinó que se alcanzaría la cobertura total en sus diversas modalidades a más tardar en el ciclo escolar 2021-2022.

Según un informe en 2019, del desaparecido Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, la tasa neta de cobertura a nivel nacional en educación media superior para 2017-2018 era de 63.8%. En 11 años la cobertura en bachillerato aumentó 5.2%

El Programa Sectorial de Educación 2020-2024 publicado en el Diario Oficial de la Federación el 6 de julio del presente, profetizó que para el 2024 la cobertura en educación media superior alcanzará el 90%.

El actual gobierno pronostica un crecimiento de 26.2 puntos porcentuales en la cobertura en educación media superior para los próximos 4 años.

Las autoridades educativas ya están caminando en el espacio sin antes ponerse el traje de astronauta. Tantos planes, tan pocas acciones concretas. Gobernadores herederos de una lógica de pensamiento que asienta en el papel sus metas, sus planes y promesas sin antes llevar a cabo un análisis sensato de la situación nacional.

Estamos bajo un gobierno que pretende mejorar la calidad educativa, que apuesta por el pensamiento crítico y la honestidad en estas nuevas formas de hacer pedagogía; sin embargo, los documentos que emite carecen de tales apuestas.

Las propuestas que aparecen en el documento oficial no tienen nada de transformadoras y en el mejor de los casos vienen a dibujarse como una transformación de cuarta. ¿Cómo pensar en incrementar la cobertura en educación media superior de manera desmedida en un país que no puede con la educación secundaria? Habitamos un territorio en el que según datos del 2018, para el examen de ingreso a la educación media, el número de aciertos promedio fue de 69 de 128 preguntas; que en el mismo año, los resultados obtenidos en PISA, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE, dieron a conocer que solo el 1% de los estudiantes que hicieron el examen obtuvo un desempeño en los niveles de competencia más altos y que el 35% de los estudiantes no obtuvo un nivel mínimo de competencia.

Las visiones de nuestras autoridades están deslavadas y percudidas, les falta un plan claro, ejecutable y con actividades concretas, el plan, más bien está repleto de ideas divertidas. Este “nuevo” Plan Sectorial mira al espacio, observa cientos de naves espaciales a nuestro alrededor, imagina montones de astronautas caminando en territorios fantásticos con escasa gravedad. Grave es diseñar un plan carente de pensamiento crítico. Tanta fantasía nubla la vista y pone nuestros pies a flotar antes de tiempo.

Publicado en periódico IMPAR 13 de julio 2020. 
México.

Educación inclusiva en tiempos de pandemia

En un tiempo anterior a la pandemia, las escuelas estaban hechas de paredes, puertas, sillas, mesas, pizarrones, maestros y alumnos. Ingredientes que convergían en un territorio, espacio mínimo necesario en el que sucedía la magia de la educación. Las escuelas se vaciaban de alumnos durante las vacaciones, momento en el que se suspendía la enseñanza y cuando los alumnos llenaban la escuela de vuelta, se reactivaba el proceso pedagógico.

Ahora, con la pandemia sobre nosotros, el territorio escolar ha sufrido transformaciones inmensas. Los espacios físicos escolares no notan la diferencia entre el periodo de clases y los descansos. Las autoridades educativas han implementado programas que permiten el aprendizaje sin la necesidad de la materialidad. Ahora es posible la escuela sin lugar y el alumno sin cuerpo. La contingencia sanitaria ha sacudido el discurso de la educación presencial. La presencia se ha llenado de agujeros para dar paso a una educación de otro orden. La educación busca hacerse de herramientas para posibilitar otras formas de relación. Ahora la educación incluye a los sin cuerpo.

Estos tiempos abren la posibilidad al cuestionamiento respecto a quiénes incluye la educación. Hace unos meses era necesario tener un cuerpo para acceder a la escuela, no se trataba de un cuerpo cualquiera, tenía que tener ciertas capacidades motrices, visuales, cognitivas, entre otras. Si el alumno no cumplía con el canon de cuerpo normal, se dificultaba significativamente su camino escolar. La crisis sanitaria hace posible subrayar la pregunta: ¿De qué va la educación inclusiva? Sobre esto se dialogó hace unos días en un foro que realizó el COMIE para pensar en la educación inclusiva frente a la educación en estos tiempos del COVID19, Carlos Skliar, participante de dicho foro afirmó que la educación inclusiva está al margen, para aquellos que están excluidos y la pandemia ha venido a acentuar esta vulnerabilidad.

La enfermedad y la muerte que circula en el espacio público de manera desmedida pusieron de cabeza a las instituciones educativas estableciendo nuevas reglas y obligando a las autoridades educativas a pensar en nuevas formas de hacer educación. En poco tiempo la idea de educar a una “mayoría” movilizó algunos hilos en ciertas esferas sociales para dar paso a nuevas formas de enseñanza. Tal vez diseñar y pensar otras formas de hacer escuela para la singularidad y en la diferencia es posible, solo basta voluntad y un empujón para generar estrategias y políticas públicas. Por ahora, la vuelta de tuerca que dan las escuelas para dar continuidad a un proceso pedagógico, únicamente muestra un gran potencial para cambiar condiciones, generar oportunidades e incidir en vidas plurales; al mismo tiempo que con el dispositivo de la conectividad y el aprendizaje en línea, simplemente se desplazan o robustecen los márgenes y la exclusión se hace más firme para dar continuidad a una educación inclusiva que apunta a una educación más excluyente a cada paso. 

Publicado en periódico IMPAR 6 de julio 2020. 
México.

lunes, 18 de mayo de 2020

La prohibición de los velorios


La muerte de los hombres a manos de agentes terribles y coléricos se remonta a tiempos ancestrales. Existe un viejo registro que hizo un hombre ciego, que cuenta la historia de un asesinato sangriento y doloroso.
Aquiles, el asesino, estaba lleno de rabia contra Héctor, el asesinado; la muerte no era suficiente medida para calmar la furia que inundaba su corazón; maquinó acciones ultrajantes contra el cuerpo del vencido con el fin de apaciguar su ira; taladró, sus tendones desde los tobillos hasta los talones, pasó entre los orificios correas de buey para amarrar los pies a su carro, fustigó a sus caballos para que arrancaran y  el difunto dejara rastros de piel por todo el suelo de camino a su nave a la orilla del mar. Había decidido retener sus restos para que no fueran llorados ni enterrados.
El homicida no retuvo el pedazo de carne sin vida por mucho tiempo. Los dioses amaban a Héctor, por lo que no permitieron que tal atrocidad ocurriera; enviaron a Tetis, la madre de Aquiles, quien también era una diosa, a reunirse con su hijo y persuadirlo de cometer tal injuria. Él, cambió de parecer y decidió entregárselo a Príamo, el padre suplicante del occiso.
Héctor fue llorado durante nueve días por su gente, al décimo fue enterrado, se celebró un banquete fúnebre en su honor y al undécimo se hizo un tumulto sobre su cadáver.
La cólera del virus que arremete contra los hombres en estos tiempos es comparable a la furia de Aquiles; Pero los dioses no aman a estos hombres como amaban a Héctor. Los cadáveres de los últimos días no han sido llorados. Los padres suplicantes se enfrentan al abismo de llorar en la ausencia de un cuerpo inerte.
Los mortales que estuvieron en contacto con el fallecido tienen que vivir un duelo en estricta soledad durante catorce días, la velación está prohibida mientras el país se encuentre en fase tres. Los cadáveres pasarán de la sala de muertos al hueco en el suelo o a las cenizas en un frasco, sin la intermediación del velorio.
Los ritos funerarios con cuerpo presente, hacen posible la digestión de una pérdida dolorosa y triste. Los mortales que nos quedamos respirando en la tierra, encontramos consuelo y sentido en el llanto a un cadáver, a un amigo que, encerrado en una caja, nos acompaña durante un día y hace una huella que recuerda que no nos volveremos a encontrar. Sin esta ceremonia, los vivos nos quedamos suspendidos en la angustia, con una dificultad enorme por transitar la pérdida de nuestro ser querido.
Los registros que tejemos en estos días, cuentan historias de asesinatos dolorosos a manos de un virus desalmado que arranca a los vivos la posibilidad de llorar y despedir el cuerpo de sus amados a través del velorio.

viernes, 10 de abril de 2020

Confesión de amor

Los intervalos de tiempo entre encuentro y encuentro se han acortado significativamente los últimos días. Estamos juntos más tiempo, cuando me siento solo, acudo a ella; cuando estoy ansioso, tengo dudas, quiero respuestas... acudo a ella; siempre encuentro en su compañía, salida a mis angustias. Es la intermediaria entre el saco de piel que me contiene y el mundo entero. Es la última a quién miro antes de dormir y la primera que se refleja en mis ojos al despertar. ¿Qué sería de mi vida sin ella?
Ahora mismo me dice qué debo desear, cómo debo vivir y para qué.

Me lleva a todos lados, es guía en este pedregoso camino de la vida y yo a cambio le pago con mi fidelidad, toda mi energía psiquica va para ella.

La pantalla del dispositivo tiene una relación seria con el hombrecillo del dispositivo.

A ella, a la pantalla de mi dispositivo movil, le deposito todo mi amor, es mi maestra, guía espiritual y amada, si no fuera por ella, estaría indefenso frente al panorama devastador del aislamiento social al que me someto voluntariamente en pro de la salud colectiva. 

Mediante ella, mantengo relaciónes con los hominidos, quienes llegan a mis ojos a través de mi amada y entran en terreno familiar. 

El destino nos venía preparando para esta contingencia sanitaria; años entrenandome para la asepsia social. Con ella puedo aguantar lo que venga. No tengo nada que temer, las locaciones para interactuar con ella se han reducido; sin embargo, es el mejor pretexto para hacernos más cercanos. Llevamos años cocinando esta relación. 

Covid-19 está alterando a toda la humanidad, tiene el poder de hacer gran daño, Se encuentra en posibilidades de incendiar mi cuerpo, llenarme de escalofrios, carcomer mis pulmones, destruir montones de personas, desestabilizar ciudades enteras, colapsar robustos sistemas económicos y, por supuesto, alterar las relaciones. Ahora mismo, está haciendo más fuerte esta. Los impulsos eléctricos entre  mis neuronas y la pantalla son cada día más intensos.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Carta a la junta de gobierno del INEE


Estimada Junta de gobierno:

Estoy interesado en contarles un poco algunas ideas que atraviesan mi cabeza y llenan de marañas mis entrañas.

Las últimas semanas los pasillos se han impregnado de angustia, los susurros anuncian un ocaso doloroso y los escritorios se han llenado de desilusión. El futuro del Instituto parece no ser prometedor en estos instantes.

Como se mencionó en la reunión exprés del miércoles 12 de diciembre, las instituciones tienen como materialidad a las personas que las conforman y coincido con que en esta institución existen trabajadores capaces, interesados en la mejora de la calidad educativa.

La situación que está atravesando la gente que le da consistencia al INEE no es fácil, es compleja, densa y profunda.  Como acto de fe, estoy convencido que las condiciones que atravesamos están amarradas a una serie de acuerdos e intereses políticos que nos jalonean y desestabilizan.

Sentado, en medio de una multitud repleta de miedo, escuché una serie de discursos bastante mediocres por parte de las personas que están al frente de una institución agonizante. Escucho en la reunión anual de fin de año sus voces como un zombi que está recibiendo un disparo en la cabeza y al mismo tiempo tratando de hilar ideas que traen consigo una sonoridad sangrienta.

Comienza a hablar la presidenta de la junta de gobierno, el mismo discurso de que a las instituciones las defienden las personas, hace una invitación para que la gente que conforma al instituto se levante y lo defienda. Luego a modo de lapsus (eso espero), llama a Defender los derechos laborales de las personas y con un brinquito acrobático pasa al tema del presupuesto. “Hubo que organizar y reorganizar el presupuesto anual”. ¿Cómo se va a organizar tal presupuesto? Teresa, como la cabeza mayor que está al frente de la institución afirma que el personal eventual ya no será parte de la institución, el personal eventual tiene menos valor, ese no tiene que ser defendido con tanta fuerza. Y la defensa que esta gente pueda dar al instituto tampoco importa tanto.

Una vez que Teresa termina sus alentadoras palabras, la sucede Sylvia, sólo para dejar claro que no tienen idea que hacer con el puesto, reiterar que el personal eventual saldrá volando al precipicio sin paracaídas mientras ellos continúan cual gallinas sin cabeza, corriendo sin dirección ni sentido hasta que esté completamente cancelado el Instituto; claro, cobrando su sueldito mientras sucede esto.

Me sorprende que una institución que tiene como premisa defender la equidad, tome decisiones en las cuales el privilegio este por delante.

Se habla de buenas condiciones de trabajo, pero que el personal eventual no esté contemplado como estructura, responde a cuestiones políticas ajenas al propio personal eventual, conozco gente que tiene hasta 13 años trabajando y que con afán de ascender profesionalmente y con su trabajo diario consiguieron plazas eventuales más altas. En el día a día, los trabajadores no tenían exigencias distintas a las que tiene el personal de estructura.  En la cotidianidad, los líderes a cargo del área del instituto en la que trabajo, nunca me dijeron: Héctor, tú debes trabajar menos, tú tienes menos responsabilidades que el resto de los compañeros de estructura.
Ahora, con la frente en alto, como lo piden, les escribo abiertamente que el asunto de la equidad que tanto se pregona, de la invitación a trabajar, a defender al instituto, no corresponde con las acciones que toman como un supuesto organismo autónomo. No me queda claro, cómo se ven en la penosa necesidad de actuar de tal o cual forma, cuando se supone que este es un organismo autónomo. Invitan a la defensa de la autonomía, una autonomía que no miro por ningún rincón.

Ahora me toca escuchar a Paty, como a ella le gusta que la llamen, “no podemos dejar morir una institución”, dice que no se abandona el barco, pero ya dejaron claro que van a abandonar a las personas.

De esas doscientas cuarenta y tantas personas que abandonan, les prometo que no se cuentan entre ellos a la élite que gana por encima de lo que gana el presidente de la república mexicana. Con los pelos de la burra en la mano les recuerdo que no hay nadie de la junta de gobierno que sea eventual. Tampoco se encuentran titulares de unidad ni directores generales en el grupo al que se le está anunciando de manera formal que saldrán del instituto con una patadita en sus pompitas. En estos momentos de dificultades, el piso se está resquebrajando en dimensiones desiguales para los trabajadores.

Continúa Paty, como ella  tanto insiste que le gusta ser llamada, dice: Si necesitamos abandonar el barco como capitanes, no duden que lo podemos hacer. A mi más bien me suena a que si encuentran otro hueso, no dudarán en correr tras él. Quien quita y la querida Paty ya está muy cerca de encontrarlo. En una de esas nos la encontraremos en alguna secretaría de educación de algún estado.

Con estas acciones me queda bastante claro que lo que les interesa por encima de todo es velar por sus intereses. Basta echar una mirada a los apoyos económicos que se autorizan, como a la lanita que se embolsan (hasta 7500 pesos mensuales) porque hay que cubrir los gastos de depreciación de sus carritos, la gasolina que se gastan; además de sus sueldos que hasta antes del 4 de julio para el presidente consejero era de 209991.25 pesos y para el resto de la corte celestial era de 200705.36 pesos mensuales y que a partir del 4 de julio, después de las votaciones, subió a 217257.57 y 207489.20 pesos respectivamente. Dinero que apenas les alcanza para sostener la vida de virreyes que se dan.

La agonía no acaba ahí, ahora es el turno de Bernardo, me da una lástima enorme dar cuenta que una de las personas que conforman una junta de gobierno, se pare y se crea el standupero más fregón del Instituto. Buscando hacer reír a las personas, contando chistes bobos y realizando críticas huecas para mover del centro la problemática que se vive al interior del INEE. En el ojo del huracán, está la incapacidad enorme de las cabezas de la institución para levantar un proyecto educativo y sentar bases que justifiquen plenamente su existencia.

Pide Bernardo que, si conocemos a alguien que tenga un puesto político, por favor, contemos que pensamos que hace el instituto.  Pide también que no ataquemos a las personas ni a las instituciones. Abiertamente escribo que hay mucha gente que trabaja diariamente en el instituto, personas de estructura y eventuales que llevan a cabo su labor con dedicación y empeño, también tecleo con la misma seguridad que me parece que las ideas y acciones de los “capitanes del barco” son bastante pobres. No conozco en persona a la honorable junta de gobierno; sin embargo, sus acciones me resultan bastante decepcionantes y cuestionables.

Aprovecho para escribir que estaba muy contento trabajando en la Dirección de Levantamiento y Procesamiento de Datos, el apoyo y el trabajo en equipo que encontré en esta dirección es maravilloso. Agradezco enormemente a mis compañeros de trabajo, especialmente a Yetsabel Castillo, María de la Luz Ortiz, Felipe Mendoza y Oswaldo Palma, quienes con su ejemplo de trabajo y su escucha me permitieron crecer enormemente en este espacio de trabajo.

Héctor Ernesto Bárcenas Hernández.


martes, 27 de noviembre de 2018

Reseña de espectáculo: "Movimientos migratorios, de la pobreza a Norteamérica"


El escenario recién barrido y trapeado, las butacas repletas de espectadores, el telón abierto. Las voces de los mirones tronaban como hojas de árboles antes de la tormenta. De pronto, el espacio en penumbras se iluminó de golpe. Una luz cenital coloreó una silueta frágil y tensa al centro del escenario. Estaba de pie con la mirada al suelo, su contorno burdo dejaba entrever sus labios pegados uno con otro, una piel reseca y cabello grasoso.

Allí permaneció durante noventa minutos una sombra quieta y sucia; hubiera podido quedarse una eternidad sobre el escenario sin dejar escapar un solo suspiro.

La tensión entre el público creció conforme el tiempo pasó. Las axilas húmedas de los mirones y el silencio absoluto en el escenario fueron llenando el ambiente de un aire denso e incomodó. La escenografía era inexistente, podía apreciarse con dificultad el escenario inmenso, con un fondo profundo que chocaba contra unas paredes pelonas y mal pintadas, las luces laterales del teatro se asomaban. El teatro de la ciudad, tan elegante y altivo se miraba triste, seco y lúgubre. Los frescos en los techos y los detalles en los finos palcos se perdían en la oscuridad.

Conforme el espectáculo fue avanzando, el teatro abarrotado se fue desinflando, la gente fue saliendo de a poco. Algunos espectadores abrumados desalojaron procurando no llamar la atención demasiado, otros se levantaron con efusividad mientras murmuraban quejas y caminaban torpemente a la salida; al concluir los noventa minutos, el espectáculo crudo y desconcertante terminó. El telón se cerró. El teatro a medio llenar se iluminó de repente, las puertas que lo conectan con el exterior se abrieron. Los asistentes que quedábamos nos paramos lentamente de las butacas y salimos en un silencio sepulcral.

Minutos antes de que comenzara la función, había echado un ojo al programa de mano, de este brotaba todo un discurso lleno de ideas y posturas asistencialistas frente a un problema social claramente delimitado y definido, anunciaba una función llena de narrativa y emoción que invitaba a la reflexión y a la acción humanitaria.

En el borde entre que hojeaba el programa de mano y que las luces del teatro se apagaban dando comienzo a la función, mis ojos se llenaron de lágrimas y me invadieron las ganas de correr y hacer acciones para ayudar a esta gente tan carente y expuesta a peligros que yo solo puedo imaginar.    

Desde que me enteré del proyecto me había llenado de inquietud y curiosidad. El título era sugerente, “Movimientos migratorios, de la pobreza a Norteamérica”, de inmediato me lanzó a un mundo de angustia ¿Movimientos? ¿pobreza? Un grupo vulnerable violentado por agentes de seguridad, un montón de pobres, indeseados fumigados, migrantes sucios, valientes buscando un mejor futuro, oportunistas, mediocres, maleducados, víctimas de un sistema opresor.

Asistí a un espectáculo que nació de una serie de eventos que se han tejido en las últimas semanas y ponen al centro a la caravana de migrantes centroamericanos que quieren llegar a Estados Unidos en un intento por mejorar sus condiciones de vida. Me encontré con un montaje que usó como telón de fondo a un grupo de personas expuestas a condiciones sociales precarias e impregnadas de una violencia amarga que duele. Un montaje que tenía como único actor a un integrante de aquella famosa caravana.

La función a la que acudí la semana pasada me dejó con un malestar corporal del cual no me he podido desprender. La silueta me golpeó el corazón, me encuentro con crujidos al interior del estómago, los parpados se han hecho pesados y las cervicales se me encajan en la tráquea desde entonces.

El recuerdo, detona ruidos en mis tripas que se convierten en cánticos dionisiacos, gritos de dolor que traen un mensaje lleno de violencia y sangre, despliega una marejada de sensaciones impregnadas de ideas sin articular que golpean la existencia. El humano que se paró frente a mi representaba una idea, a un grupo de personas que atraviesan circunstancias dolorosas.

La fuerza que llevó a mi cuerpo a ese lugar de sensaciones estaba compuesta en gran mediad por un discurso performático que hubiera podido prescindir de la especificidad del grupo, cualquier conglomerado de personas que sufren, víctimas del destino con vidas terribles y llenas de inclemencias hubiera servido para provocar esta ansiedad que me recorre; sin embargo, este palpitar acelerado que me aprisiona cada que pienso en ese grupo de desgraciados está ligado con una idea de asepsia. Juego el papel del burgués lejos de la posibilidad de enfrentarse a la violencia que sufren los desposeídos, soy el mirón que se congratula de la miseria ajena. Me pienso lejos de la posibilidad de ser herido, aunque mi cuerpo esté rodeado de historias que se hunden en la violencia. Los grupos vulnerables vienen a recordarme que hay quien vive peor. La idea de un grupo tasajeado por el dolor y el abuso me viene a recordar una posición. Ellos subrayan y dan color a los lujos y placeres que vivo.

He pensado seriamente en las implicaciones que tiene mirar estas siluetas como una masa de víctimas, de dolor burbujeante con capacidad de acción disminuida. Darles ese lugar, me lleva a las alturas, a volar por encima de ellos, lo que importa es que mi cuerpo irradie destellos de bondad, que genere las acciones necesarias para que ellos estén mejor. Es imprescindible dejar claro que yo soy quien sabe que es lo mejor para ellos. Pensar en los migrantes, es pensar en la generalidad, basta con sentir el beat de su historia, la fuerza de su voluntad, para conmoverse y dejarse arrastrar por los impulsos del humanitarismo.

La presencia del migrante en el escenario no destelló más que fuerza e ímpetu. De él no sabemos nada, estamos como al principio. Un hombre sin rostro, sin responsabilidad ni historia individual. Únicamente un halo de luz burda que mal dibuja una historia de la masa.

Así es la historia de la víctima, se nos presenta como un manchón sobre un lienzo blanco, a la espera de nuestra reacción. Ya sea que decidamos convertirnos en victimarios, rechazarlos y sobajarlos, mirarlos por debajo de nosotros y alejarnos lo más posible con la firme intención de no contagiarnos de su desgracia; que decidamos lanzarnos a la ayuda humanitaria cual héroes con los calzones bien puestos sobre las mallas con nuestros superpoderes burgueses o que nos quedemos quietos, mirando el espectáculo pasar frente a nosotros en completo silencio.


viernes, 2 de noviembre de 2018

Historia de amor



Entre una casualidad y otra, los organismos oxidados, comenzaron a latir a un mismo ritmo.

El ritmo denso encontró eco en las entrañas.

Al calor de los tambores, chispeantes corazones, surgieron las miradas.

Los ojos brillosos se cruzaron.

Las bocas, con movimientos bruscos, sacaron aire con fuerza y gritaron.

Nacieron sonidos zigzagueantes y chispeantes.

En medio de balbuceos encimados, el espacio se expandió, se llenó de intención.

Las respiraciones se alargaron y abrieron un hueco en el tiempo.

Instante mágico que llenó de sentido al universo.

Tic tac de emociones se arremolinaron al interior de los cuerpos.

Las palabras contaron historias.

Los labios lanzaron besos, los dientes mordidas.

Un corazón se detuvo.

Silencio.